En un momento pasado hice un llamamiento a quienes acceden a estas páginas: el favor especial de que vía E-MAIL se pusieran en contacto con nosotros diciendo lo que les parecía bien o mal de nuestras páginas.
Tuvimos un agradable comunicante que nos hizo llegar un escrito muy personal, en el que hacia una serie de apreciaciones, que nosotros, gustosamente, tuvimos en aprecio, y contestaremos cual se merece.
La misiva dice textualmente: “Opinión personal de un visitante a una residencia de mayores”. Todo lo que voy a exponer es una opinión personal sobre las residencias de mayores, aunque reconozco que en algunas ocasiones y en algunos casos son imprescindibles.
Continúa más adelante, la carta: “soy un jubilado porque así me obliga el Estado, que tiene un amigo, en una de esas residencias y que me hace el favor de dejarme visitarlo, porque sabe que no tengo una cosa peor que hacer”.
A Continuación se extiende, en su carta, en una serie de consideraciones y apreciaciones de carácter personal acerca de alguno de los residentes que vamos a obviar por su carácter personal, -lejos de nosotros invadir la intimidad de las personas- , (hemos incluido en esto de la intimidad al firmante de la carta); la carta continua haciendo referencia a la residencia, de la siguiente forma:
“En ésta residencia hay personas de distintas nacionalidades, de distintas culturas, pero con un denominador común: Atender con prontitud, cariño y esmero a todos y cada uno de los residentes.
Yo no tengo mucho contacto con el personal, pero el poco que he tenido, ha sido de una esmerada cordialidad, se da el caso de que me tuvieron que decir quién era el Director, porque la naturalidad y sencillez con la que ésta persona se desenvuelve por la residencia, sin anteponer su cargo cuando habla con alguien, da la medida y la talla de profesionalidad de esta persona y esta cualidad la hago extensiva a cada una y a todas las personas que atiende la residencia”.
Todas estas personas me han hecho recordar el texto de un cartel qué hace mucho tiempo leí en una agencia de transportes que decía: “El trabajo no dignifica al hombre, El hombre dignifica al trabajo”.
Y todas y cada una de éstas personas hacen digno el puesto que les ha correspondido desarrollar en ésta residencia; Por cierto estoy hablando de la Residencia de Mayores TORRE DEL ANGEL.”
Termina su carta diciendo: Dicho y escrito esto sigo manteniendo mi opinión sobre las Residencias de mayores.
NO hay nada más que añadir por nuestra parte, como no sea nuestro agradecimiento más sincero por su entrañable, para nosotros lo ha sido, comunicación.
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