PRÓLOGO
Toda mi vida ha sido un constante reto y una superación personal, allí donde me he encontrado en cada momento. Fue un obstáculo personal el abandonar la carrera de medicina con casi media carrera estudiada; la muerte de un amigo estando yo de guardia en el Hospital Provincial cambió mi orientación profesional: era una noche aciaga, precisamente en las Fiestas del Pilar, un circo estaba aparcado al lado del Hospital -en aquellos tiempos había infinidad de solares céntricos en Zaragoza, tras la afamada “Operación Cuarteles” que sacó del centro de la ciudad, muchas instalaciones militares-. Bueno a lo que iba, el circo sonaba a las afueras y mi amigo Víctor, casado y con dos niños pequeños, se iba lentamente en una cama de hospital entre mis manos, sin que yo pudiera hacer nada.
A la mañana siguiente tuve que enfrentarme a la realidad: abrazar a una pobre viuda y tratar de consolarla en su dolor. Allí tomé la decisión más dura: no servía para ser médico, mi ilusión y la de mis padres. Tuve que tomar un camino distinto: Dicho y hecho, sería periodista, y ahí empezó un nuevo reto; empezar desde abajo una carrera profesional de la que nada sabía.
Empecé por aprender el duro oficio, aprendí a mezclar tintas para imprimir, a mezclar ferrarla de plomo, para alimentar los hornos de fundición que cada periódico tenía para alimentar a las máquinas insaciables de las linotipias. Éstas convertían los textos de los periodistas en unas delgadas líneas en negativo con el texto maravilloso que luego por mor de la técnica y tras muchas horas, siempre más de las que el redactor jefe necesitaba. El frenesí de esas horas de madrugada era como una droga que te estimulaba: ¡¡¡Qué no llegamos al cierre!!!. Era una lucha diaria, todos los días igual, pero era la vida que yo había elegido.
Un buen día descubrí que mi voz era agradable a los micrófonos, y sin abandonar mi profesión descubrí que en lugar de la prensa escrita podía desenvolverme con un micrófono en la mano.
Nuevo reto más que superar. Aprendí de los mejores retransmisores de radio, a desenvolverme con un micrófono, aprendí todas las técnicas, trucos y quisicosas de la profesión y así llegué a los 26 años de profesión ininterrumpidos: ¿Te atreves a retransmitir un partido de fútbol? ¿Y una corrida de toros desde el callejón de la plaza de toros? ¿Y desde un globo? ¿Te tirarías con un paracaídas? ¿Te irías a Roma a retransmitir desde San Pedro con la Radio Vaticano una ceremonia de canonización? ¿Te irías a Moscú? ¿Y ha hacer una serie de reportajes en la Universidad de Timisoara, en Rumanía?.
Todo tuvo una respuesta afirmativa por mi parte. Fueron retos que están en mi pequeña historia, en donde destaco una frase de un cuadro de Francisco de Goya, un pequeño cuadro con un dibujo en el que un Goya muy mayor y con achaques dice: “Aún aprendo”.
Todavía sigo aprendiendo y espero hacerlo si Dios me da vida.
Lo que vais a leer a continuación son retazos de mi último reto: Cuando alguien me dijo, ¿Te atreves a llevar el Blog de la Residencia?.
Nuevo reto más: he tratado de hacer pinceladas, aunque me han salido “brochazos” claro que al bueno de don Francisco, es más autor de brochazos que de pinceladas, por sus grandes obras. Léase las cúpulas del Pilar, San Antonio de la Florida o Los Fusilamientos del 2 de mayo, por poner unos ejemplos del gran maestro de Fuendetodos-. Pintaba para ser visto a distancia.
Espero haber podido con estas historias, reflejar la vida que transcurre entre estas cuatro paredes que también de alguna forma u otra están pintadas no por un solo autor, sino por muchos, muchos de ellos muy especiales.
Feliz lectura
Por Joaquín Gazo




